Mi refugio y mi tormenta
2026-02-01 - 09:45
Eligió septiembre, ese mes perfecto, para irse. El monzón se había alejado y Kerala refulgía como una franja esmeralda entre las montañas y el mar. Mientras el avión se inclinaba para aterrizar y la tierra se elevaba para recibirnos, me costaba creer que la topografía pudiera causar un dolor físico tan palpable. Nunca había visto ese paisaje querido, nunca lo había imaginado, nunca lo había evocado sin que ella formara parte de él. No podía pensar en aque- llas lomas y aquellos árboles, en los verdes ríos, en los arrozales encogidos y cubiertos ahora de cemento, salpicados de gigantescas vallas publicitarias que anunciaban horrorosos saris de boda y joyería aún más horrorosa, sin pensar en ella. Estaba entretejida en todas estas cosas; era en mis pensamientos más alta que cualquier valla publicitaria, más peligrosa que cualquier río en crecida, más implacable que la lluvia, más real que el propio mar. ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Cómo? Murió sin previo aviso. Impredecible como era.