Elena Poniatowska: Los árboles de la Sierra Gorda
2026-03-22 - 08:40
Cuando llegamos a México, mi mamá se ocupó de 10 niños huérfanos a quienes llevábamos al bosque del Desierto de los Leones; jugábamos entre los árboles y recuerdo que, en mi imaginación, convertía a cada niño en un arbolito o a cada árbol en un niño. Muy pronto nuestras vidas se hicieron distintas y nunca los vi de nuevo, pero el bosque quedó unido para siempre a esos niños cuyo futuro ya no compartía. Había algo allí, entre el musgo, la tierra, las hojas, una especie de identificación gozosa y triste a la vez; los niños ya no salieron con nosotros porque crecimos, se quedaron como hojas del Desierto de los Leones y una parte esencial de la naturaleza. Mi hermana y yo éramos niñas privilegiadas y ellos tenían otro camino del que nunca he vuelto a saber. En el Desierto de los Leones todos éramos árboles altos, fuertes, verdes. Recuerdo que el primer beso que me dieron fue contra un árbol que me encajó su corteza en los hombros y no hallaba como zafarme hasta que el pretendiente lo tomó como un rechazo. El árbol se rio del niño y agitó todas sus ramas y yo me consideré su novia, aunque no he vuelto a verlo.