TheMexicoTime

Del lujo al camuflaje: fin de la era de mansiones y corridos en el bastión del Cártel de Sinaloa

2026-01-31 - 01:35

Culiacán dejó de ser el mismo desde que estalló la guerra entre grupos delictivos el 9 de septiembre de 2024. Aunque el quiebre real comenzó antes, el 25 de julio, cuando Ismael El Mayo Zambada fue traicionado por Joaquín Guzmán López y entregado a Estados Unidos.A partir de ahí, algo se rompió por dentro: no de golpe, sino a través de una transformación silenciosa, lenta y profunda.MILENIO ha identificado que hoy el crimen organizado ha optado por el camuflaje. La ostentación dio paso a la discreción. Ahora circulan en vehículos compactos, motocicletas y unidades sin blindaje visible. Las ejecuciones se volvieron más selectivas, los ataques más quirúrgicos, diseñados para pasar desapercibidos entre la rutina diaria.Pero el golpe más profundo ha sido interno. La muerte constante de pistoleros, mandos medios y operadores ha obligado a las facciones a un reclutamiento errático, acelerado y cada vez más precario. Jóvenes sin experiencia, adolescentes y, en muchos casos, menores de edad han sido incorporados a las filas criminales como carne de cañón.Una estructura criminal que cambiaEl saldo es devastador: cerca de 60 menores han fallecido en medio de la guerra y alrededor de 100 se encuentran actualmente detenidos. El contraste es brutal: antes del estallido del conflicto criminal, apenas cinco menores se encontraban en internamiento por delitos relacionados con esta dinámica.Son numerosos los casos de individuos que llegaron a Sinaloa en busca de trabajo y terminaron absorbidas por la maquinaria del crimen o atrapadas en zonas de fuego cruzado. Muchos de ellos ya no regresaron a casa. La guerra no solo se cobra a quienes la pelean: también devora a las personas que solo buscaban una oportunidad.En paralelo, el imaginario del narco también se ha desmoronado. Las figuras que antes vivían en casas ostentosas, rodeadas de lujos —esas que durante años alimentaron corridos y leyendas— hoy prácticamente han desaparecido del paisaje urbano. Los delincuentes ahora se refugian en hoteles, casas de paso o campamentos improvisados en la periferia. El poder ya no se exhibe: se esconde.​Un cambio en la geografía de las ciudadesEl impacto material en la ciudad es inocultable.Cientos de negocios muestran aún las huellas de la guerra: impactos de bala en fachadas, cristales reventados, cortinas metálicas perforadas. Decenas de empresas se han replegado oretirado de la región por motivos de seguridad, debilitando sectores económicos completos. Al mismo tiempo, una nueva dinámica emerge: comerciantes locales que, en medio del miedo,intentan reconstruir la actividad, reabrir cortinas, resistir.Los cercos de seguridad instalados en distintos cuadrantes de Culiacán y en otras ciudades donde el conflicto ha sido más notorio mantienen una presión constante. Zonas vigiladas por fuerzas federales y estatales, retenes permanentes, patrullajes mixtos día y noche. Este cerco ha reducido el margen de maniobra de los grupos delictivos y los ha obligado a reinventar su logística, rutas, células y métodos de operación.A lo largo de este año de guerra, los grupos han ganado y perdido territorios de forma intermitente. Cada avance ha sido seguido por un repliegue, y cada repliegue por un nuevo estallido de violencia. En los primeros meses, el conflicto se concentró en el oriente de Culiacán y en

Share this post: